Comienza temprano

Cuando converses refiérete al cuerpo como algo bueno y especial. Los/as niños/as pequeños/as (de 0 a 3 años de edad y párvulos) se tocan a sí mismos/as cuando están descubriendo sus cuerpos. También preguntan con frecuencia el nombre de diferentes partes del cuerpo. Diles el nombre apropiado de las partes del cuerpo. Cuando estés educándolos/as sobre partes del cuerpo como los ojos o la nariz, también háblales de la vulva o el pene. Cuando te hagan preguntas responde usando los términos correctos y díselos como algo natural, lo que va a trasmitirles que su pregunta es bienvenida e importante.

Cuando los/las bebés están en el proceso de descubrir sus cuerpos, también descubren que tocarse en ciertos lugares los/las hace sentir bien. Deja que este descubrimiento ocurra, sin retirar la mano de tu bebé de sus genitales ni hacer gestos faciales o decir cosas como “no te toques ahí” o “eso es sucio.” De esta manera desde una edad temprana evitarás trasmitirles mensajes negativos sobre sus genitales. Los/as niños/as pequeños/as que se tocan los genitales simplemente lo hacen porque les hace sentir bien, no porque estén fantaseando con relaciones sexuales. Es importante recordar que  necesitamos quitarnos las “gafas de personas adultas” y no reaccionar de forma exagerada cuando los/as niños/es exploran sus genitales en edades tempranas.

Enséñales que hay comportamientos que sólo se tienen en privado

Si tu hijo/a está en público y se toca los genitales, asegúrate de que está consciente de lo que hace, dile que sabes que lo hace porque le es agradable pero que tocarse es un placer que se tiene en privado. Enséñale la diferencia entre lugares “públicos” y lugares “privados”.  Es importante que nombres el comportamiento diciendo, por ejemplo: “Veo que estás tocándote en tu vulva y comprendo que hacerlo te da gusto, pero es un gusto que se tiene en privado, ¿de acuerdo?”  Cuando lo haces de esta manera estás comunicándole a tu hijo/a exactamente el comportamiento al que te estás refiriendo y exactamente cuáles son los límites de cuándo puede hacerlo. Hablar sobre estos temas es mejor que lo hagas de la forma más sencilla posible y sin hacer que el/la niño/a se sienta avergonzado/a.  No olvides que tu objetivo es que tu  hijo/a sepa cómo funciona su cuerpo y qué le da placer.

Toma la iniciativa

Posiblemente conversar con tus hijos/as sobre el tema de la sexualidad resulte difícil y engorroso, y es posible que por eso no se sientan a gusto diciéndote si les preocupa algo o haciéndote preguntas. Hablar del tema, sin embargo, se hace más fácil con la práctica, y mientras más conversaciones tengas, tú y tus hijos/as se sentirán más cómodos/as hablando sobre el tema. Conversa con todos/as tus hijos sobre el tema, no importa cuál sea su edad o sexo. Por ejemplo:

  • Enséñale a tu hijo/a el valor de su cuerpo, lo que su cuerpo es capaz de hacer, que su cuerpo siente y percibe de diversas maneras y que debe mantener su cuerpo saludable.
  • Los/as niños/as pre-adolescentes (de 9 a 12 años de edad) están aproximándose a la pubertad y empezarán a hablar sobre los cambios que ocurren en sus cuerpos y otros cambios típicos de esa edad. Aunque en muchas escuelas se enseña lo esencial sobre la anatomía humana y el orden en el que ocurren distintos cambios corporales durante la pubertad; los padres/madres y otros adultos responsables de criar ben ser los/as primeros/as en hablarles del tema. Dales información y enséñales tus valores morales, para de esta manera que crees un entorno donde les sea posible aprender sin estar en peligro (“Puedes preguntarme lo que quieras sobre este tema. No debes sentirte avergonzado/a de nada. Cualquier pregunta que te pueda surgir va a estar relacionada a un aspecto normal del crecimiento.”).
  • Los/as jóvenes pre-adolescentes y adolescentes tienen deseos sexuales. Las investigaciones muestran que los/as jóvenes que tienen poca información sobre la sexualidad y la salud sexual experimentan más y a edades más tempranas que aquellos/as que cuentan con información correcta. Estate listo/a de antemano, tu hijo/a y tu familia no deberían tener que pagar las consecuencias de la falta de información.
  • Háblales sobre la diferencia entre amor y deseo. Ayuda a tus hijos/as a entender que la autoestima juega un papel esencial en cómo la persona entiende el amor y el deseo.
    • Explícales que existen muchas maneras de satisfacer los deseos íntimos sin llegar a tener relaciones sexuales. Acercarse emocionalmente a alguien (arriesgándonos a decirle a esta persona lo que sentimos, con la esperanza de ser reciprocados/as) es algo que puede suscitar temor o puede ser muy agradable. Un/a joven posiblemente necesite tu apoyo para entender estos sentimientos, sobre todo durante sus primeras relaciones románticas.
    • Conversa sobre distintas formas saludables de expresar los deseos sexuales como es, por ejemplo, masturbarse; y menciona que tener relaciones sexuales es sólo una de muchas maneras de satisfacer los deseos sexuales.
    • Conversa sobre el sexo seguro. El hecho de que converses sobre el sexo con los/as jóvenes no significa que apruebes que tengan relaciones sexuales; del mismo modo que cuando les dices que si salen con amigos/as a un sitio donde haya bebidas alcohólicas que la persona que maneje no puede tomar, no quiere decir que apruebes que manejen ebrios/as. Al contrario, si le hablas a tus hijos/as de tus principios, de las realidades de la vida y cuáles son las consecuencias que ciertos comportamientos les podrían traer, esto ayudará a que vengan a ti cuando tengan preguntas y a tomar buenas decisiones.

Cuando estén ocurriendo estas conversaciones será posiblemente cuando muchos/as de estos/as jóvenes estén en el proceso de dar pasos para volverse más independientes, y es posible que traten de alejarte o que parezcan no prestarte atención; pero aún así tú sigues siendo crucialmente importante en sus vidas. Si tus conversaciones con tus hijos/as reflejan un balance entre mensajes que hablan sobre ser responsables, la importancia de tomar decisiones sabias y principios a respetar, junto a mensajes que hablen de los aspectos positivos y agradables de tener relaciones; esto va a permitir que continúe existiendo entre tú y ellos/as una relación de confianza y afecto, la les va a ayudar a madurar y a tener un desarrollo sexual saludable.

No tengas miedo de usar las palabras correctas

Cuando usas las palabras correctas (en vez de usar “palabras códigos” o palabras y mensajes confusos) estás diciéndoles que las diferentes partes de su cuerpo y las funciones de las mismas son algo natural.  Usar la terminología apropiada ayuda a eliminar la idea de que nuestros cuerpos y nuestra sexualidad son algo vergonzoso, bochornoso o malo.

Si un/a niño/a pequeño/a repite una palabra obscena de carácter sexual, es tu responsabilidad explicarle qué significa la palabra. Menciona la palabra sin vergüenza o temor, lo que tiene múltiples beneficios:

  • El/la niño/a va a saber que la palabra no es más fuerte que tú.
  • El/la niño/a va a saber que ninguna pregunta o tema está “prohibido”.
  • Cuando expliques el significado de la palabra obscena usando la palabra correcta, estarás hablando con respeto sobre el tema del sexo.

Los/as niños/as que conocen los términos correctos van a poder comunicarte de una mejor manera sus preguntas y sus preocupaciones. Si tu hijo/a tiene un impedimento físico o mental o le resulta más fácil aprender de manera visual, usa fotos y otras ayudas visuales como gráficos e ilustraciones que muestren todo el cuerpo. También podrías usar la ayuda de un/a muñeco/a cuyo cuerpo sea una reproducción correcta del cuerpo humano.

Debes darles información que sea correcta y apropiada para su edad. Hablen sobre los cambios que ocurren en su cuerpo, sobre por qué su voz o la voz de su hermano está cambiando, sobre el embarazo de una tía, etc. Conversa con anticipación sobre la etapa siguiente de desarrollo en la que entrará su cuerpo para que así esté listo/a para cambios futuros.

Ahora, es tiempo para Profundizar