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Expresa tus principios

Los padres y las madres son las personas con mayor influencia sobre sus hijos/as. Es importante asegurarse de que tus hijos/as sepan cuáles son tus principios y los comportamientos que consideras apropiados respecto al uso del lenguaje, a la sexualidad, el noviazgo, etc. Debes estar preparado/a para explicarles por qué piensas de esa manera. Tus hijos/as necesitan conocer tus principios para poder formar los suyos propios. Y no sería algo inusual que no estén de acuerdo contigo, o incluso te cuestionen, pues por lo general esto no es más que una señal clara de que has estado haciendo lo correcto y que precisamente por eso tienes hijos/as que prestan atención a lo que dices, que son capaces de analizar y de tomar decisiones cada vez más maduras y complejas.

Hay algo que es tan importante como tus principios: Que prediques con el ejemplo. Sé respetuoso/a, amable, humilde y honesto/a con tu padre, tu madre y tu pareja. Tus palabras van a ser más valiosas si predicas con el ejemplo los mismos principios y hábitos que quieres desarrollen tus hijos/as.

Pero incluso si a veces no “practicas lo que predicas”, esto no te descalifica para enseñarles principios a tus hijos/as. Ser padre o madre no quiere decir que tienes que ser perfecto/a. Educa a tus hijos/as sobre la base de tu propia experiencia. Si, por ejemplo, cuando tenías la edad que ahora tienen tus hijos/as eras ya sexualmente activo/a y les estás pidiendo que esperen hasta que sean más maduros/as;  usa tu propia experiencia personal para ayudarles a ganar más conciencia sobre los riesgos que corren y para ayudarlos/as a entender que las decisiones que tomen traerán consigo consecuencias (para obtener más información sobre este tema dirígete a la sección “Comienza a Hablar: Comunicación Saludable”). Admitir tu propia falta de juicio o de valores cuando tenías su edad puede convertirse en un factor convincente y pesado que les ayudará a tomar decisiones más saludables y diferentes de las que tú tomaste.

Sé alguien que respeta y reconoce el valor de las demás personas

A la mayoría de los padres y las madres les gustaría ver que sus hijos/as pueden explorar y desarrollar sus intereses, habilidades y aptitudes; y que se les respeta y reconoce. Tu modo de comportamiento debe ser un ejemplo de los principios básicos que harían esto posible si todas las personas los pusieran en práctica: la creencia de que cada persona es única y valiosa; la importancia del respeto mutuo; la igualdad de derechos y oportunidades;  y el derecho de todas las personas de disfrutar todo el espectro de sentimientos y actividad humana.

Bríndales a tus hijos/as oportunidades que vayan más allá de los estereotipos tradicionales de los roles de cada género:

  • Motiva a tu hijo/a para que emplee todos los instrumentos, libros, videos, juguetes y otros recursos que le resulten de interés. Opta por usar fuentes de recursos que provean ejemplos donde personas de ambos sexos jueguen distintos roles, y donde ambos géneros sean representados como igualmente fuertes y positivos, por ejemplo: que presenten superhéroes y súper-heroínas, cocineros y cocineras, innovadores e innovadoras, aventureros y aventureras, etc. Existe un libro, por ejemplo, que se titula “Y con Tango Son Tres”, el cual trata sobre dos pingüinos gay.
  • Brinda a los/as niños/as de todas las edades las mismas oportunidades y responsabilidades para que participen en todas las tareas del hogar: cocinar, lavar el carro, cuidar de sus hermanos/as menores, etc.
  • Contesta de la misma manera ante comportamientos y reacciones emocionales de tus hijos/as. Por ejemplo, dile a tu hijo pequeño, “Imagino que tiene que estarte doliendo mucho la rodilla después de esa caída. Está bien que llores si te duele.”

Exhorta a niños/as de todas las edades a hablar abiertamente sobre cómo se sienten con respecto a su género. Pregúntales si sienten que se espera de ellos/as ciertas cosas en dependencia de su sexo (por ejemplo, que deberían interesarles ciertos deportes, gustarles ciertos hobbies o preferir ciertas carreras universitarias dependiendo de si es hembra o varón); o si, por el contrario, sienten que se les da el apoyo necesario para seguir sus propios intereses, preferencias, talentos y aptitudes. Dales consejos y opiniones alentadoras que apoyen sus opciones. Por ejemplo, si una joven se sale de los estereotipos típicos que existen respecto al sexo femenino y le gusta armar carros para carreras de automóviles, tú le podrías decir: “¡Estás volviéndote tremenda mecánica! ¿Te gustaría tomar un curso este verano para aprender a reparar motores de automóviles?”; o a un joven que quiere ser enfermero, le podrías decir: “Ser enfermero es un trabajo duro, pero toda tu vida has ayudado a cuidar de tu abuela, así que sin dudas te animo a que lo hagas”; o con niños y niñas a que gustan de experimentar con maquillaje, emperifollarse o peinarse al último grito de la moda, les podrías decir: “No tengo dinero para comprarte ropa nueva para la fiesta pero,  ¿qué te parece si tú mismo/a te coses algo? Chequeemos YouTube para ver qué ropas se han cosido otros/as niños/as y de ahí tal vez podemos tomar ideas.”).

Reconoce y respeta las diferencias que existen entre las personas

Los/as niños/as se dan cuenta de las diferencias que les rodean (diferencias de género, el almuerzo de una compañera de clase que es diferente y huele diferente del suyo, un primito que es ciego) y es lo normal que estas diferencias les generen curiosidad.  Ayúdales a aprender sobre estas diferencias, apreciarlas y respetarlas; en vez de aparentar que las mismas no existen. Háblales abiertamente y de forma positiva sobre las diferencias que existen entre las personas y los distintos grupos de personas. Si actúas como si no existieran diferencias, estarías subestimando y restando importancia a las experiencias, auto expresión, culturas y valores de otras personas.

Enséñales la importancia de resolver desacuerdos

Enséñales que los desacuerdos son algo normal, y que lo más importante en una relación saludable es poder conversar sobre lo sucedido y encontrar una solución que satisfaga a todas las personas involucradas. Es una buena idea empezar cuando los/as niños/as son pequeños/as a hablar sobre cómo resolver desacuerdos. Puedes leerles historias donde haya algún tipo de conflicto y preguntarles lo que piensan o cómo se sintieron con lo que sucedió en la historia. Les puedes preguntar: “¿Has discutido alguna vez con un/a amigo/a? ¿Cómo te sentiste? ¿Cómo pueden hacerse las paces entre amigos/as cuando ha habido una discusión?” También puedes usar dramatizaciones para mostrar diferentes comportamientos tanto “amistosos” como “hostiles”, y luego dejarles que hablen sobre estos.

Enséñales que las acciones tienen consecuencias, que lo mismo les ganarán amigos/as, fortalecerán las amistades que ya tienen o harán que se terminen amistades u otras relaciones. Por ejemplo, a tu niño/a pequeño/a le podrías decir: “Si sigues empujando a Marco, ¿te parece que va a querer seguir siendo tu amigo/a?”

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