Establece límites

Cuando pones límites a tus hijos/as les vas a hacer sentir orden y estabilidad. Por ejemplo, si tu hijo/a quiere comprar un juego de video violento, es tu derecho y responsabilidad decirle: “No me gusta el mensaje implícito que trasmite ese juego. La violencia no es buena y es dañina y, sin embargo, ese juego la presenta como algo divertido. Sé que lo juegas en casa de Alex, pero no quiero que lo juegues aquí”.  O, por ejemplo, si tu hijo/a mayor discute contigo porque no quiere tener una hora límite antes de la que tiene que regresar a casa, le puedes decir: “Considero que esta regla es necesaria para tu seguridad y tu salud. Si sé a qué hora vas a volver a casa, enseguida sabré si te ha pasado algo cuando no llegues a esa hora y así saldré a buscarte por si has tenido un accidente o si te encuentras en problemas.  Además, mantener un horario fijo asegura que duermas y descanses es una buena forma de asegurar que duermas y descanses suficiente, que comas bien y puedas ocuparte de tus responsabilidades sin que te estreses demasiado.”

Los límites le enseñan a los/las niños/as auto control

Cuando estableces límites para tus hijos/as y haces posible que practiquen auto control, aprenderán que algunos comportamientos son aceptables y otros no. Aprenderán a lidiar con sentimientos de frustración cuando no obtienen lo que quieren y aprenderán a respetar los límites de otras personas.  Los niños/as van a poner a prueba y van a resistirse a los límites que les pongas, pues esta es de hecho una de las características de la adolescencia, es oponerse a que les pongan límites. Sin embargo, si aprenden la importancia de los  límites, cuando alcancen la madurez serán capaces de establecer límites y respetarlos. Supongamos que le has dicho que cuando terminen sus quehaceres domésticos los/as llevarás a la piscina. En vez de completar sus quehaceres deciden ponerse a ver videos y por ello no los/as llevas a la piscina. Esto va a hacerles ver las consecuencias de sus acciones y van a ver que te respetas pues cumples con tu palabra y no te dejas manipular, manteniendo tu decisión.

Es importante que mantengas presente que el objetivo no debe ser controlar a tus hijos/as sino que les enseñes los valores que guían tus acciones, normas y principios, lo que esperas de ellos/as y que sus actos tienen consecuencias. En el ejemplo que acabamos de darte, por ejemplo, aprenderán que es importante trabajar, que todos/as en la familia son responsables del cuidado del hogar y que la consecuencia de no haber cumplido con sus responsabilidades fue que no los/as llevaste a la piscina. También les demostraste que te respetas a ti mimo/a, tus principios, tu decisión, tus valores e integridad lo suficiente como para cumplir lo que dijiste. De esta manera les trasmites que ellos/as mismos/as eligen su manera de comportarse y que tendrán que responder por las responsabilidades que se les asignan. Esto, no obstante, no es lo mismo que ‘obligar’ a tu hijo/a actuar como tú quieres usando, por ejemplo, regaños, amenazas, discusiones o imponiendo castigos.1

Los límites deben existir pues crean un “espacio seguro” donde niños/as y jóvenes tienen la oportunidad de aprender y de poner en práctica de forma independiente nuevas habilidades. Tus hijos/as continuarán creciendo y desarrollándose así como tu relación con ellos/as, por lo tanto es normal que tengas que renegociar límites, que se resistan a los mismos y que tal vez los tengas que cambiar si lo consideras necesario.

Enséñales a poner sus límites

Enséñales que en una relación cada persona decide qué quiere y qué no quiere.  Aprovecha durante actividades diarias para hablarles. Por ejemplo, si tienes hijos/as pequeños/as puedes decirles a la hora del baño que sus partes privadas les pertenecen solo a ellos/as y que nadie debe tocarlas a menos que sea por razones de higiene (para que sean limpiadas) o por razones de salud (si necesitan ser examinadas).

Ayuda a tus hijos/as a entender la importancia de que se sientan libres de hablar sobre sus límites personales y establecerlos sin miedo a que por ello se les reprima de algún modo, y enséñales que sus límites deben ser siempre respetados. Crea oportunidades que les permita meditar sobre esto y analizarlo con cuidado. Por ejemplo, les puedes preguntar: “Ya que tu hermana y tú comparten la misma habitación, ¿de qué manera crees ustedes pueden hacer posible que cada una tenga su privacidad y que la privacidad de cada una sea respetada?”

Hazles saber que nadie tiene derecho de demandar, forzar, exigir ni esperar que ellos/as les deben nada. Que, por ejemplo,  de la misma manera que cuando eran pequeños/as se negaban a darle un beso o un abrazo a algún miembro de la familia si no querían hacerlo; que tampoco deben sentirse obligados/as a hacerlo con un/a novio/a o alguien con quien estén saliendo si no quieren, y que nadie les debe presionar para que tengan sexo.

Enséñales a respetar los límites de otras personas

Una forma de mostrarle a tus hijos/as tu respeto por ellos/as es dejándoles elegir y tomar sus propias decisiones dentro de marcos saludables, reconociendo y aceptando su elección.

De forma general, hay ciertas cosas que tú les puedes enseñar para que aprendan a respetar los límites de otras personas, y todas estas cosas están relacionadas:

  • Enséñales sobre los límites personales y la importancia de que estos sean respetados
  • Enséñales a comunicarse de manera directa y sincera
  • Respeta los límites personales de tus hijos/as
  • Establece límites para tus hijos/as que sean lógicos y necesarios

Sé un ejemplo de buen comportamiento: Establece tus propios límites, respeta los límites de otras personas y asume responsabilidad por tus propias acciones y emociones.

Ya que han hablado de los límites, aprenda sobre cómo conversar con tu hijo/a de Respeto a Otras Personas

O, sigue leyendo: Sexualidad Saludable

1. Ve a Punishments vs. consequences: Which are you using? por Empowering Parents.